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Cister San Bernardo de Burgos

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El trabajo, sobre todo manual, ofrece a las monjas la ocasión de participar en la obra de la creación en el compromiso del seguimiento de Cristo.

Goza de alta estima en la tradición cisterciense.

Procura la subsistencia a las monjas y a otras personas más necesitadas y es signo de solidaridad con nuestros hermanos los hombres.

Principalmente, nuestro trabajo consiste en la elaboración del pan eucarístico, que más tarde, en la Eucaristía, se convertirán en el Cuerpo y la sangre de Cristo.

 

Fundamento del trabajo monástico

 

El trabajo es una de las leyes de la naturaleza. Después que Dios creó al hombre, lo colocó en el jardín del Edén para que lo guardase y lo cultivas Es decir, que el hombre aun antes de la caída en el pecado debía cumplir con la ley del trabajo. Sin embargo ese trabajo, por el mismo orden interior del hombre, le era fácil y deleitable. Pero después de la caída el cumplimiento de la ley del trabajo le cuesta el sudor de su rostro (Gen 3,19). Desde entonces el trabajo es sacrificio para el hombre, y le demuestra que es pobre por naturaleza: 'Despojáos el ornato festivo y poneos vestidos comunes y de trabajo.

 

Cristo al asumir todo lo humano quiso someterse a esta ley del trabajo. La obra de la salvación se ha realizado por el sufrimiento y la muerte en la cruz, de modo que el trabajo adquiere por esto una nueva significación, un nuevo sentido. 'Con Cristo se nos revela que soportando la fatiga del trabajo en unión con Él, crucificado por nosotros, el hombre colabora en cierto modo con el Hijo de Dios en la Redención de la Humanidad. Ese 'rudo combate diario, humildemente aceptado, se convierte en redentor, a imitación del trabajo de Jesús en Nazaret. Bajo esta luz, el escándalo del sufrimiento del trabajo se transforma en acto de ofrenda'.

La monja que se propone imitar a Cristo deberá, por tanto, dedicar al trabajo una parte importante de su vida; dará así testimonio frente al mundo de su seguimiento total del Salvador.

                                                      Finalidad del trabajo monástico

 

La búsqueda de Dios tras las huellas de Cristo, implica la obligación de unir a la oración litúrgica y privada el trabajo manual e intelectual. Cualquiera fuese el tipo de trabajo a realizar, la monja tendrá siempre presente la finalidad principal: la unión con Dios.

Para el hombre nuevo en Jesucristo, creado 'en justicia y santidad de verdad', sin dejar de ser pena y sacrificio, el trabajo recobra el gozoso sentido de ordenamiento del cosmos y de todas las cosas 'para que le ayuden en el fin para el cual ha sido creado'.

El trabajo servirá también al equilibrio psíquico y físico; esta finalidad ya era considerada por San Agustin para la vida de los monjes: '...preferiría mil veces ocuparme de un trabajo manual cada día y a horas determinadas, y disponer de las restantes horas libres para leer, orar, escribir algo acerca de las divinas Escrituras...''...Cumplirá el monje así aquellas palabras de San Benito a uno de sus súbditos: 'Ve a trabajar y no estés triste''. . El trabajo del contemplativo servirá para combatir la ociosidad: 'Haréis alguna cosa de manos para que el demonio os halle siempre ocupados y no tenga entrada en vuestras almas, haciendo puerta de vuestra ociosidad'

Esta finalidad se encuentra en toda la tradición monástica.

El trabajo goza también de un importante testimonio de pobreza evangélica. 'Un aspecto esencial de vuestra pobreza será, pues, el de atestiguar el sentido humano del trabajo, realizado en libertad de espíritu y restituido a su naturaleza de medio de sustentación y de servicio' es decir que por haber elegido un estado de pobreza cada monje se verá 'sujeto a la ley común del trabajo.

Dicho trabajo deberá cooperar a la subsistencia de los monjes: les exhortamos en el Señor Jesucristo a que, trabajen con sosiego para comer su propio pan (2 Tes 3,12). Esto, en lo posible, para no ser gravosos a ninguno (1 Tes 2,9), como no lo fueron los Apóstoles.

En el caso que los frutos del trabajo de las monjas, fuesen vendidos a las personas que concurran al monasterio, ha de ser tasado al mismo precio o menor de lo que vale en el mercado, para evitar todo peligro de lucro, y para que en todo sea Dios glorificado

 

Espíritu del trabajo monástico

 

El principio que orientará el trabajo en el monasterio será el de San Basilio: 'Debemos dar la preferencia a las ocupaciones que nos permiten guardar el recogimiento y unirnos más al Señor libres de impedimentos'. El trabajo, pues, ha de ser verdadero medio de contemplación.

Hay que evitar una solicitud excesiva en los trabajos de tal forma que los monjes dejen de obrar lo que deben según su vocación propia: '...alejen de sí toda solicitud indebida y pónganse en manos de la providencia del Padre celestial'.

El trabajo manual ha de estar ordenado y subordinado a lo espiritual como lo afirma San Bernardo: 'Se debe hacer alguna obra manual, y así se suele mandar, pero no se ha de hacer de modo que sirva de disipación, sino más bien como medio de nutrir y conservar el espiritual gusto, por las cosas interiores; como medio, en una palabra no como fin. Por eso de tal modo se hará que cuando se haya de suspender se deje con tal libertad que no se quede en aquellas cosas nuestro querer, gusto o memoria. Teniendo muy en cuenta aquello de que [de ningún modo...] los ejercicios espirituales se han hecho para supeditarlos a los corporales sino al contrario: los corporales se han puesto al servicio de los espirituales.

La monja realizará sus trabajos en perfecta subordinación a la Abadesa, teniendo en cuenta que el espíritu del trabajo está en la obediencia. . El tipo de trabajo manual a realizarse lo establecerá el Reglamento de cada monasterio. El Reglamento local, teniendo en cuenta la importancia y jerarquía del trabajo manual y del intelectual, deberá armonizarlos evitando todo tipo de extremos.

Por otra parte, la Abadesa deberá tener él mismo una gran confianza en la Providencia de Dios y enseñará a que la tengan también sus hijos 'y para que no se excuse en la escasez de recursos, acuérdese de que está escrito: Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura (Mt 6,33), y también que: a quienes le temen no les falta nada (Sal 34,10)

 
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